pros y contras del yoga en línea

Si me hubieras preguntado hace un año si quería intentar dar clases de yoga en línea, te habría dicho que no, por supuesto que no, eso no sería yoga. No hay energía que se sienta tan poderosa como cuando compartes con otros, te sincronizas con otros, vibras en la misma frecuencia.

Y entonces recordé que yo empecé a practicar yoga con DVDs. Cuando todavía era estudiante, no tenía dinero para pagar clases en estudios y apenas estaba empezando. Así que durante más de un año practiqué siguiendo la pantalla. La misma clase una y otra vez, hasta que me la sabía de memoria.

Después llegó Facebook, y YouTube, y Twitter, Instagram… y para quienes me conocen, sigo sin disfrutar mucho las redes sociales. Pero ya hice las paces con ellas y hago lo que puedo con lo que me hace sentir cómoda.

Cuando empezamos a quedarnos en casa por la pandemia, pensé que dar clases en vivo por streaming iba a ser algo temporal, cosa de dos meses hasta que las cosas “volvieran a la normalidad”, pero pasó el tiempo y enseñar por video no solo se convirtió en mi única opción, sino también en lo que me mantuvo motivada y cuerda.

Ahora que me he mudado de país, muchos de mis alumnos también se han mudado, y me emociona poder seguir viéndolos, o saber que ellos pueden verme a mí y disfrutar de una práctica de yogasana. Me siento afortunada de tener los recursos para llegar a la gente y compartir con ellos.

Así que sí, no es lo mismo. Pero aquí van algunas cosas para pensar (esta es solo mi opinión, basada en mi propia experiencia):

Lo que pierdes:

  • El contacto físico. Hace poco me enteré de las tarjetas de consentimiento que se usan en algunos estudios para los ajustes con las manos. Seguro hay personas a quienes no les gusta que las ajusten así. Pero para mí, ir a la clase de mi maestro era, sobre todo, contacto visual y ajuste con las manos. Puede sonar raro, pero así fue mi experiencia: miraba a mi maestro y veía un océano profundo en sus ojos, y cuando me ajustaba, bastaba apenas una indicación con parte de su mano o sus dedos para que yo supiera exactamente qué mover y dónde sentir la diferencia. Eso enriquecía muchísimo mi experiencia. También creo en la energía sanadora, en las manos que sanan. Y el contacto en una postura estática o restaurativa añade ese amor que el cuerpo necesita para nutrirse.
  • Conocer gente nueva y hacer amigos yogis. Tus amigos están bien, pero tus amigos yogis comparten un interés especial, muy particular. Ellos entienden lo que sientes porque también lo sienten. Y cuando terminas tu meditación o tu práctica de yogasana, no hay ego, solo presencia; lo único que hay para compartir es amor y bondad. Ese ambiente no es fácil de encontrar.
  • Un templo. No es para todos, pero muchas personas prefieren ir a un lugar designado para su práctica. A muchos les resulta conveniente tener ese lugar cerca del trabajo, de casa, de la escuela de sus hijos, etc. Estar en un estudio de yoga puede darte ese estado relajado con solo estar ahí.
  • Los accesorios. Aunque siempre recomiendo llevar tu propio tapete, a veces es más fácil no preocuparte por las herramientas que necesitas para practicar. Los estudios de yoga suelen tener tapetes extra para rentar o usar sin costo. Y si están bien equipados, también te ofrecerán bloques, bolsters, cobijas, sillas, cuerdas, etc.

Lo que ganas:

  • Libertad de horario. Al tener tu casa como punto de partida y de llegada cada día, ahorras tiempo al no tener que ir hasta un estudio lejano ni lidiar con el tráfico. Solo conectas el dispositivo, miras la pantalla y te dejas guiar cuando mejor te convenga.
  • Elegir tu estilo de práctica, tu instructor y la duración de la clase. Hay muchas plataformas muy conocidas con montones de opciones para escoger. Hay colaboración entre muchos instructores, las clases pueden ser cortas o de duración estándar, con temas específicos, para todos los niveles, etc. Y si eres de las personas a las que les gusta seguir solo a un instructor, ya sabes bien a qué te apuntas y aun así puedes disfrutar de tu maestro favorito. Estoy segura de que hoy la mayoría de los instructores de yoga también enseñan en línea.
  • Estar donde tú quieras estar. Recuerdo que cada vez que viajaba o estaba lejos de casa, me molestaba un poco perderme mi clase de yoga. Ahora sabes que siempre puedes encontrar un pequeño rincón con WiFi para poner tu tapete y practicar.
  • Crear tu propio templo sagrado. Sé creativo y diseña un espacio donde puedas sumergirte en el estado de ánimo para relajarte, para la autoconsciencia y para la calma mental. Te sorprenderá cuánto puedes sumarle a tu práctica cuando creas el ambiente correcto. Una luz suave, velas, incienso, aceite de bergamota, mis tapones para los oídos para aislarme de cualquier ruido, y un té de hierbas para después de clase: esa es mi fórmula para mi rincón de yoga y meditación.
  • Menor inversión. No solo la clase es más barata, también piensa en los gastos extra de manejar hasta un estudio. Incluso si compras tus propios accesorios de yoga, las clases te saldrán más baratas a largo plazo, y además siempre es mejor usar tus propias cosas, no solo por higiene, sino porque tienen tu energía.
  • Compartir tu experiencia. A menos que prefieras estar sola, practicar con amigos o con tu pareja puede ser una experiencia muy linda. Recuerda que el yoga es una práctica personal que también puedes hacer en compañía.